Aliza Vicente

 

    Natural de Cascante (Navarra), comienza sus estudios de violín a los ocho años en el Conservatorio Profesional de Música de Tarazona y obtiene el título de Grado Medio en 2009 con el profesor Daniel Francés. Realiza sus estudios superiores en el “Trinity Laban Conservatoire of Music and Dance” de Londres bajo la tutela de los profesores John Crawford y Walter Reiter (violín barroco), becada por el Trinity College London.

Tras graduarse en el 2013 con el premio “Byram Jeebjeehoy” para violín y piano, se traslada a Suiza para cursar sus estudios de Máster en la “Hochschule für Musik” de Lucerna con una beca de la Hochschule Luzern. Estudia con el profesor Sebastian Hamann, y continúa con el violín barroco con Petra Mullejans y Giuliano Carmignola, obteniendo el diploma de Máster en 2016.
Amplía su formación recibiendo masterclases con músicos como Barthold Kuijken, David Ballesteros, Ilya Gringolts, Detlef Hahn y Stephanie Gonley, entre otros.

Aliza ha sido miembro de la EUYO (Joven Orquesta de la Unión Europea) , de la JONDE (Joven Orquesta Nacional de España) y de la Joven Orquesta de Euskal Herta (EGO). Es miembro actual de la Orquesta barroca de la Unión Europea (EUBO). Colabora profesionalmente con el Luzerner Theater (Suiza), la orquesta “Spira Mirabilis”, la Zürich Sinfonietta y la orquesta de la academia de la “Orchestra of the Age of Enlightenment”.

Ha trabajado bajo la dirección de músicos internacionalmente reconocidos como Nicholas Kraemer, Gordan Nikolitch, Enrico Onofri, Thomas Hengelbrock, Alfredo Bernardini y Lars Ulrik Mortensen. Ha tocado en auditorios como el Concertgebouw de Ámsterdam, el Liceo de Barcelona, y en festivales como el BBC Proms de Londres, el Bolzano Festival Bozen y como solista en el London Handel Festival y el Greenwich International Early Music Festival.

‘Una química especial entre personas muy distintas. Mucha energía, buena música, gran ilusión y positivismo. Ganas de hacer las cosas bien y de crear una voz propia en el panorama musical actual. Con esto y el buen rollo que se palpaba, era imposible negarse a ser parte de Bambú.’